miércoles, abril 29, 2009

Waitin' round to die



Sometimes I don't know where this dirty road is taking me
Sometimes I can't even see the reason why
I guess I keep on gamblin', lots of booze and lots of ramblin'
It's easier than just a-waitin' 'round to die

One-time friends I had a ma, I even had a pa
He beat her with a belt once cause she cried
She told him to take care of me, she headed down to Tennessee
It's easier than just a-waitin' 'round to die

I came of age and found a girl in a Tuscaloosa bar
She cleaned me out and hit it on the sly
I tried to kill the pain, I bought some wine and hopped a train
Seemed easier than just a-waitin' 'round to die

A friend said he knew where some easy money was
We robbed a man and brother did we fly
The posse caught up with me, drug me back to Muskogee
It's two long years, just a-waitin' 'round to die

Now I'm out of prison, I got me a friend at last
He don't steal or cheat or drink or lie
His name's codeine, he's the nicest thing I've seen
Together we're gonna wait around and die

-

Waitin' round to die.
Townes Van Zandt
[Original de 1968. El vídeo es de un documental de 1975 o del 1976 que se llama «Heartworn highways». La chica de pelo largo es su novia y el señor mayor, un vecino. Quizá la historia que se cuenta sea la de este señor. Algunos lo suponen. No hay nada seguro. La letra es la de la canción original y por eso no coincide exactamente, aunque eso no le hace perder ni un ñáñigo de belleza].

jueves, abril 23, 2009

El barrio de noche



Anoche hicimos la foto. Que nadie nos veía. Ji ji.
Pero nos vieron. Sólo así se explica la nota que acabo de encontrar en el buzón. Vean lo que dice, imagínenla con caligrafía de asesino; y tiemblen:

«Éste, por si ustedes, ignaros de cien centeno, mentecatos, animalillos-cretácico, no lo sabían, no es barrio de alcahuetes ni espíaventanas, sino distrito municipal privilegiado, de buenos marmolistas y señoras en bicicleta. Por eso y porque a mí y a mi joven esposa nos resultan abominables sus caras, sus gestos y hasta su olor (que juraría que llega a nuestra ventana desde su repugnante balconcillo), no estamos dispuestos a tolerar que nos hagan fotos de noche, a traición y en la hora mala, cuando a uno le gusta mirar con cara de mala persona por el ventanal del salón, maldiciendo al mundo, y cree que lo hace para nadie y en secreto. Esta nota es el único aviso: si se vuelve a repetir, consultaremos los Papeles Negros y sabremos cómo hacer acudir a La Gente Terrible.

Don Primperán Miss Georgia, pequeño-tercer ProtoMarqués de Tétitifornia y Señor (down, down, down in Amériqui) del Tercer Policía.»

-

Después de observar la foto con atención, creemos haber descubierto al autor de la nota: en el edificio de lomo negro, tercera ventana de la izquierda desde abajo, rectángulo oscuro, cara del miedo.
Preferiríamos no haberlo hecho.

lunes, abril 13, 2009

En Innisfree, hace ya más de cincuenta años



Aunque tuvieron sus más y sus menos al principio (o quizá por eso, o por todo al fin), Sean Thornton y Mary Kate Danaher se casaron y fueron muy felices en Innisfree.
Y cuentan que a John Wayne y Maureen O'Hara también les pasaron cosas la mar de interesantes.
Pero no en Innisfree.

martes, abril 07, 2009

¡Albricias, Álvar Fáñez!



Como sabéis, queridos amigos y compañeros en la molaridad, llevábamos unos días preocupados por la suerte de nuestro joven enlace en Oriente. Lo último que habíamos visto de él era un vídeo de unos pocos segundos en el que con voz desasosegada y carita paliducha pronunciaba claramente la palabra chamusquina.
Pues bien: nos llega desde la Estación Molar más al Este de Francés (la preciosa Estación Mono) esta imagen del Jovencito Emponzoñado que según nuestros Servicios de Inteligencia Emocional (¡esos admirables hombres del SIE!) fue tomada el pasado sábado 4 de abril alrededor de las 13.39, muy probablemente en la residencia de entretiempo de Lady Tembeleque Párkinson Gagá.
Su aspecto es magnífico y las personas que le rodean parecen bien alimentadas y amantes del Mono, respetuosas con él.
En cuanto a su indumentaria y utillaje, los expertos del SIE aventuran la teoría de que podría tratarse de instrumentos de gran sofisticación para comunicarse con las almas de los muertos, aunque a mí me da que lo que pretenden con tales afirmaciones es ganarse mi confianza para llevarme al huerto (emocional). Así, yo apostaría por algún tipo de ritual nanoneurológico (atención al casco y las gafas de alcanfor) como aquel que veía cuando niño, todos los jueves por la tarde, en las calles de mi barrio-rincón, del que nada añoro: viejas semidesnudas comiendo moscas a manos llenas.

En todo caso, y sea como sea, y ahí me las den todas, y firulín firulamen:
¡Albricias, Álvar Fáñez!

lunes, abril 06, 2009

Un niño llamado Sue



Well my daddy left home when I was three
And he didn't leave much to ma and me
Just this old guitar and an empty bottle of booze.
Now, I don't blame him cause he run and hid
But the meanest thing that he ever did
Was before he left, he went and named me "Sue."

Well, he must o' thought that is quite a joke
And it got a lot of laughs from a' lots of folk,
It seems I had to fight my whole life through.
Some gal would giggle and I'd get red
And some guy'd laugh and I'd bust his head,
I tell ya, life ain't easy for a boy named "Sue."


Well, I grew up quick and I grew up mean,
My fist got hard and my wits got keen,
Roam from town to town to hide my shame.
But I made me a vow to the moon and stars
That I'd search the honky-tonks and bars
And kill that man who gave me that awful name.

Well, it was Gatlinburg in mid-July
And I just hit town and my throat was dry,
I thought I'd stop and have myself a brew.
At an old saloon on a street of mud,
There at a table, dealing stud,
Sat the dirty, mangy dog that named me "Sue."

Well, I knew that snake was my own sweet dad
From a worn-out picture that my mother'd had,
And I knew that scar on his cheek and his evil eye.
He was big and bent and gray and old,
And I looked at him and my blood ran cold
And I said: "My name is 'Sue!' How do you do!
Now you gonna die!!"
Yeah that's what I told him

Well, I hit him hard right between the eyes
And he went down, but to my surprise,
He come up with a knife and cut off a piece of my ear.
But I busted a chair right across his teeth
And we crashed through the wall and into the street
Kicking and a' gouging in the mud and the blood and the beer.

I tell ya, I've fought tougher men
But I really can't remember when,
He kicked like a mule and he bit like a crocodile.
I heard him laugh and then I heard him cuss,
He went for his gun and I pulled mine first,
He stood there lookin' at me and I saw him smile.

And he said: "Son, this world is rough
And if a man's gonna make it, he's gotta be tough
And I know I wouldn't be there to help you along.
So I give ya that name and I said goodbye
I knew you'd have to get tough or die
And it's the name that helped to make you strong."

He said: "Now you just fought one hell of a fight
And I know you hate me, and you got the right
To kill me now, and I wouldn't blame you if you do.
But ya ought to thank me, before I die,
For the gravel in ya guts and the spit in the eye
Cause I'm the son-of-a-bitch that named you "Sue.'"

What could I do? What could I do?
I got all choked up and I threw down my gun
And I called him my pa, and he called me his son,
And I came away with a different point of view.
And I think about him, now and then,
Every time I try and every time I win,
And if I ever have a son, I think I'm gonna name him
Bill or George! Anything but Sue! I still hate that name!

A boy named Sue
Johnny Cash
"Live at San Quentin"
1969
(la estrofa en cursiva no aparece en el vídeo de la cárcel, pero sí aquí, en la versión en disco, que incluye un pitido en el "son of a bitch" de la penúltima estrofa):

viernes, abril 03, 2009

Caminar sobre las aguas ya no es cosa del pasado



Pues bien: ahora que las nuevas tecnologías (benditas sean, y más en Francés) y los avances en medicina recreativa nos permiten de nuevo caminar sobre las aguas, me he permitido el capricho de tener una breve conversación (cada segundito sale por un riñón) con el cadáver de Belgrado Matóse Minino de Máuser, al que los expertos en diálogos de ultratumba conocen como "Nino Mono", sobre los viejos tiempos, los tiempos secos, los de triple pulmón.

- Me gustaría que me contara, si no le importa, cómo hacían para caminar sobre las aguas de manera, digámoslo así, artesanal. Y por qué a partir de los años del Gran Relente la juventud dejó de practicar tan sana costumbre y llegó la moda Francés de las meriendas de río, de los baños de mar.
- Yo diría (con esta voz que me sale de aquí abajo, hijo, que parece que hables con el del tren de la bruja) que desde que dejaron de cultivarse flémoras y cardacirios y se optó por sembrar el mundo pequeño de inciensos de diferentes sabores y frutas de agua de fregar, los humanos se fueron humedeciendo sin poder evitarlo; hasta que los pocos que pudieron conservar los pies secos fueron muriendo de reuma cerebral.
- ¿Y se alegra usted de que algunos (y espero que poco a poco los demás) puedan de nuevo ser hombres secos y huir de la humedad?
- Me alegro.
- ¿Y conoce usted plantas dicotiledóneas?
- Conozco.

jueves, abril 02, 2009

El señor azul


Our guardian star lost all his glow
The day that I lost you
He lost all his glitter the day you said no
And his silver turned to blue
Like him, I am doubtful that your love is true
But if you decide to call on me
Ask for Mr. Blue

I'm Mr. Blue (wah-a-wah-ooh)
When you say you love me (ah, Mr. Blue)
Then prove it by goin' out on the sly
Provin' your love isn't true
Call me Mr. Blue

I'm Mr. Blue (wah-a-wah-ooh)
When you say you're sorry (ah, Mr. Blue)
Then turn around, head for the lights of town
Hurtin' me through and through
Call me Mr. Blue

I stay at home at night (I stay at home)
Right by the phone at night (right by the phone)
But you won't call
And I-I won't hu-urt my pride (call me Mr)

I won't tell you (wah-a-wah-ooh)
Why you paint the town (ah, Mr. Blue)
A bright red to turn it upside down
I'm paintin' it too
But I'm paintin' it blue
Call me Mr. Blue (wah-a-wah-ooh)
Call me Mr. Blue (wah-a-wah-ooh)

Call me Mr. Blue

Mr. Blue
The Fleetwoods
1959

miércoles, abril 01, 2009

Mensaje de urgencia del Jovencito



Nuestro buen Jovencito (emponzoñado de whisky, ¡qué figurota exhibe!) acaba de enviarnos por Videodromo este mensaje. Oh. Fuentes de toda confianza relacionan su alarma con la secta carnicera del Gran Agujero Bruñido (ver comentarios del post anterior). Esperamos que no sea así, claro, porque (recordad la foto; sentid de nuevo ¡el horror!, ¡el horror!) en ese caso, y a pesar del excepcional adiestramiento en lucha Molar y su envidiable forma física, nuestro querido Jovencito puede hallarse en serios problemas en este momento.
Lo único que por el momento hemos podido hacer es infiltrar a Pintillo Pilono disfrazado de Martina Navratilova en el cuerpo de baile del Palacio Francés (la nuit) a ver si consigue enterarse de algo.
Confiamos en que todo sea una falsa alarma, un ternerillo, un bluff; sin embargo, y conociendo hasta qué extremos de obstinación proterva pueden llegar estos depravados, no podemos evitar algo de castañeteo dental y mucho de fraternal sufrimiento.

lunes, marzo 30, 2009

Gene Tierney cuando llueve


Gene Tierney cuando llueve, y hoy lo ha estado haciendo todo el día, lo pasa bastante bien jugando a las cartas con su marido.

viernes, marzo 27, 2009

Balada de pistoleros


El Paso

Out in the West Texas town of El Paso
I fell in love with a Mexican girl.
Night-time would find me in Rosa's cantina;
Music would play and Felina would whirl.

Blacker than night were the eyes of Felina,
Wicked and evil while casting a spell.
My love was deep for this Mexican maiden;
I was in love but in vain, I could tell.

One night a wild young cowboy came in,
Wild as the West Texas wind.
Dashing and daring,
A drink he was sharing
With wicked Felina,
The girl that I loved.

So in anger I

Challenged his right for the love of this maiden.
Down went his hand for the gun that he wore.
My challenge was answered in less than a heart-beat;
The handsome young stranger lay dead on the floor.

Out through the back door of Rosa's I ran,
Out where the horses were tied.
I caught a good one.
It looked like it could run.
Up on its back
And away I did ride,

Just as fast as I

Could from the West Texas town of El Paso
Out to the bad-lands of New Mexico.

Back in El Paso my life would be worthless.
Everything's gone in life; nothing is left.
It's been so long since I've seen the young maiden
My love is stronger than my fear of death.

I saddled up and away I did go,
Riding alone in the dark.
Maybe tomorrow
A bullet may find me.
Tonight nothing's worse than this
Pain in my heart.

And at last here I

Am on the hill overlooking El Paso;
I can see Rosa's cantina below.
My love is strong and it pushes me onward.
Down off the hill to Felina I go.

Off to my right I see five mounted cowboys;
Off to my left ride a dozen or more.
Shouting and shooting I can't let them catch me.
I have to make it to Rosa's back door.

Something is dreadfully wrong for I feel
A deep burning pain in my side.
Though I am trying
To stay in the saddle,
I'm getting weary,
Unable to ride.

But my love for

Felina is strong and I rise where I've fallen,
Though I am weary I can't stop to rest.
I see the white puff of smoke from the rifle.
I feel the bullet go deep in my chest.

From out of nowhere Felina has found me,
Kissing my cheek as she kneels by my side.
Cradled by two loving arms that I'll die for,
One little kiss and Felina, good-bye.


Marty Robbins
Gunfighter Ballads and Trail Songs
1959

jueves, marzo 26, 2009

Lecciones breves sobre la democracia



Una periodista de la RAI convenció a Sartori de que diera treinta lecciones breves (de unos tres minutos) sobre la democracia para la televisión.

Luego se publicó este libro que está muy bien y que perfectamente podría usarse en las escuelas para jóvenes NoFrancés.

Algunos de los títulos de las leccioncillas:
7. Democracia refrendataria y directismo; 8. Democracia vertical; 9. Mosca, Michels y Schumpeter; 18. "Políticamente correctos" y óptica ideológica; 20. Derecha e izquierda; 21 La preferibilidad de la democracia; 23. Democracia e islam; 25. Multiculturalismo no es pluralismo; etc.

(De Sartori también gustó mucho La sociedad multiétnica y ¿Qué es la democracia?; y no mucho, la verdad, Homo Videns)

La democracia en 30 lecciones
Giovanni Sartori
Taurus, 2009

lunes, marzo 23, 2009

Un arenque en el centro de nuestro Campo Gravitacional



La semana pasada estuvimos fuera unos días por el puente de San José. Y (oh) al volver a casa encontramos un arenque flotando en el mismísimo centro de nuestro Campo Gravitacional. Ya nos avisaron los técnicos de que algunas líneas geodésicas fuera de control podían atraer objetos inesperados al centro de nuestro nuevo Campo ya que, según muy amables nos contaron, la fuerza centrípeta de un buen Gravitacional sufre alguna que otra vez variaciones inesperadas cuando llega el buen tiempo y florece el limonero. Y así, no nos hubiera extrañado tanto si se tratara de una pinza de la ropa o de un sostén o de un calcetín-ejecutivo-caballero, pero confieso que jamás habríamos esperado encontrar un arenque en el centro de nuestro Campo Gravitacional.

miércoles, marzo 18, 2009

La tierra de las excavadoras



In Diggerland you can ride, drive and operate full size construction machinery. Fasten your seat belts and get spun, shaken and elevated on the crazy ‘Spin Dizzy’. Hold on tight whilst we elevate you to a height of over 50 feet on the ‘Sky Shuttle’. You can also drive dumper trucks, mini tractors, quad bikes, JCB Robots and full size JCB 3CX’s.

La canción de Diggerland (Kent):

lunes, marzo 16, 2009

Cualquier cosa antes que sufrir el acoso Pilón



En el disco-bar oscuro de Gijón encuentro al Artista. Parece que lleva prisa el pobre, pero no me resisto a hacerle unas cuantas preguntas para los lectores de Mistinguettes De Österreich (la revista de postres, la revista de miel):

Mistinguetes De Österreich - ¿Cuál es tu comida favorita, bonico?
Artista - Penceño Moderno.
MdÖ - ¿Y la de tu madre?
A - Jarafuet. La Morla. El pan.
MdÖ - ¿Y es verdad aquello que dicen de que se han suavizado las relaciones de tu parienta con la familia de Valdemaras Chomičius y con el Sindicato de Actores-Mono?
A - Es.
MdÖ - Pasemos a otra cosa.
A - Pasemos.
MdÖ - ¿Le has acariciado ya el bajo vientre al Buda Renano que ha traído el Ayuntamiento a la Plaza Grande?
A - No en miércoles. Y sólo con la puntita de los dedos. Dobro.
MdÖ - ¿Y qué? Twing, ¿no? ¿Twang?
A - Yo te lo diré. Deja que te cuente. Atiende.
MdÖ - No, ahora no, buen Artista, noble Trovador. Mira, mejor: ¡Epidemia entre la gente, que te paso la corriente!
A - La noto, la noto. Da gustito la corriente, ¿eh? ¡Ya lo tengo!
MdÖ - He visto la bombilla de dibujos (qué poquita luz) encenderse sobre ti. ¿Qué cosa te turba, por Dios? ¿Qué atrona en tu sesera?
A (Las manos crispadas sobre el rostro: las guedejas más bien desaseadas a un lado; la capuchita de fieltro untosa de gominé al otro. Tras una grosera risotada [que Pistolita de Morandi no dudaría en calificar de histérica]) - ¡Qué me dejo el parapluie!

Así que ya veis (si lo veo yo lo puede ver cualquiera), habrá que ir eligiendo, queridos lectores-caballito de mar entre Puertomingalvo y Puerto Vallarta.
(Esperamos vuestras respuestas en la redacción de MdÖ. Si no llegan antes de las dos, mal asunto: igual nos tiramos por un barranco o nos tomamos pildoritas para morirse. Cualquier cosa antes que sufrir el acoso Pilón).

jueves, marzo 12, 2009

Spanish dance troupe



Woke up on monday and got ready for school
put on my uniform it was three sizes too small
i said "dear, dear, dear teacher
i've been six years away
and ain't finished my essay
coz rock'n'roll rules ok!"

My conclusion this summer
was there was much too much rain
so i ran off on thursday
with a dance troupe from Spain
where wine, dance and music
is the name of the game
from Bilbao to Madrid
my mind ain't been the same

Oh the rehearsals went easy
and i'd learnt all the moves
i was playing a tree trunk in a forest of fools
now María moved real good and i could if i would
but when your mind's your prison
things just don't seem so good

and then we'll be married
then we'll be happy
and then we'll be married
then we'll be happy
ooooooooohhhhhhhhhh

Spanish Dance Troupe
Gorky's Zygotic Mynci
Gales, 1.999.

martes, marzo 10, 2009

Prólogo de "A sangre y fuego" de Manuel Chaves Nogales (1937)



Se habla de Manuel Chaves Nogales y se le reedita. Aquí por ejemplo o (quizá lo más llamativo) en el Babelia de El País del pasado 28 de febrero: aquí y aquí. Ya a principios de los 90 la Diputación de Sevilla había reeditado su Obra narrativa completa, pero, claro está, la trascendencia no había sido la misma. Así las cosas, vuestro buen Molibdeno se deja llevar por la corriente y se hace con otra reedición reciente, la de A sangre y fuego (Héroes, bestias y mártires de España), número 631 de la actual Colección Austral.
Nueve relatos sobre la Guerra Civil Española escritos en París en 1.937 que van precedidos de este magnífico texto.
Y a eso vamos: como me ha gustado tanto el prólogo lo traigo aquí entero, de cabo a rabo, sin cortar ni una palabra; con lo cual me queda una entrada larguísima que, como es de suponer, todo el que no tenga tiempo o ganas puede evitarse con sólo apartar la vista o, por qué no, dándole la espalda al texto (con el riesgo de que alguien [no sé quién; menos cómo] pueda radiografiar su nuca desde la pantalla del computador) o tirándose al suelo y haciéndose el muerto o pulsando la combinación de teclas adecuada en su teclado.

***

PRÓLOGO DEL AUTOR

Yo era eso que los sociólogos llaman un "pequeñoburgués liberal", ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio – como dicen los marxistas –, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionado periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, de ciudadano de una república democrática y parlamentaria.

Si, como me ocurría a veces, el capitalismo no prestaba de buen grado sus grandes rotativas y sus toneladas de papel para que yo dijese lo que quería decir, me resignaba a decirlo en el café, en la mesa de redacción o en la humilde tribuna de un ateneo provinciano, sin el temor de que nadie viniese a ponerme la mano en la boca y sin miedo a policías que me encarcelasen, ni a encamisados que me hiciesen purgar atrozmente sus errores. Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evolución. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario.
En realidad, y prescindiendo de toda prosopopeya, mi única y humilde verdad, la cosa mínima que yo pretendía sacar adelante, merced a mi artesanía y a través de la anécdota de mis relatos vividos o imaginados, mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la inteligencia, el pecado contra el Espíritu Santo.
Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales. Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.
De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable.
Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. Un consejo obrero, formado por delegados de los talleres, desposeyó al propietario de la empresa periodística en que yo trabajaba y se atribuyó sus funciones. Yo, que no había sido en mi vida revolucionario, ni tengo ninguna simpatía por la dictadura del proletariado, me encontré en pleno régimen soviético. Me puse entonces al servicio de los obreros como antes lo había estado a las órdenes del capitalista, es decir, siendo leal con ellos y conmigo mismo. Hice constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado y me comprometí únicamente a defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados. Me convertí en el "camarada director", y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un periódico gubernamental que llegó a alcanzar la máxima tirada de la prensa republicana, nadie me molestó por mi falta de espíritu revolucionario, ni por mi condición de "pequeñoburgués liberal", de la que no renegué jamás.
Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo.
Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz.
Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.
Los "espíritus fuertes" dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. Es posible. Pero, sin grandes aspavientos, sin dar a la vida humana más valor del que puede y debe tener en nuestro tiempo, ni a la acción de matar más trascendencia de la que la moral al uso pueda darle, yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo.
Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy, es la Patria. Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguís de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. De cualquier modo, soporto mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa.
Cuando el gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné yo el mío. Ni una hora antes, ni una hora después. Mi condición de ciudadano de la República Española no me obligaba a más ni a menos. El poder que el gobierno legítimo dejaba abandonado en las trincheras de los arrabales de Madrid lo recogieron los hombres que se quedaron defendiendo heroicamente aquellas trincheras. De ellos, si vencen, o de sus vencedores, si sucumben, es el porvenir de España.
El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes –según la imagen clásica– va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. Desde luego, no será ninguno de los líderes o caudillos que han provocado con su estupidez y su crueldad monstruosas este gran cataclismo de España. A ésos, a todos, absolutamente a todos, los ahoga ya la sangre vertida. No va a salir tampoco de entre nosotros, los que nos hemos apartado con miedo y con asco de la lucha. Mucho menos hay que pensar que las aguas vuelvan a remontar la corriente y sea posible la resurrección de ninguno de los personajes monárquicos o republicanos a quienes mató civilmente la guerra.
El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente. Sea el que fuere, para imponerse, para subsistir, tendrá, como primera providencia, que renegar del ideal que hoy lo tiene clavado en un parapeto, con el fusil echado a la cara, dispuesto a morir y a matar. Sea quien fuere, será un traidor a la causa que hoy defiende. Viniendo de un campo o de otro, de uno u otro lado de la trinchera, llegará más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas y la normal relación con los demás Estados, que es precisamente a lo que se niegan hoy unánimemente con estupidez y crueldad ilimitadas los que están combatiendo.
No habrá más que una diferencia, un matiz. El de que el nuevo Estado español cuente con la confianza de un grupo de potencias europeas y sea sencillamente tolerado por otro, o viceversa. No habrá más. Ni colonia fascista ni avanzada del comunismo. Ni tiranía aristocrática ni dictadura del proletariado. En lo interior, un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra. Rojo o blanco, capitán del ejército o comisario político, fascista o comunista, probablemente ninguna de las dos cosas, o ambas a la vez, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano. En lo Exterior, un Estado fuerte, colocado bajo la protección de unas naciones y la vigilancia de otras. Que sean éstas o aquéllas, esta mínima cosa que se decidirá al fin en torno de una mesa y que dependerá en gran parte de la inteligencia de los negociadores, habrá costado a España más de medio millón de muertos. Podía haber sido más barato.
Cuando llegué a esta conclusión abandoné mi puesto en la lucha. Hombre de un solo oficio, anduve errante por la España gubernamental confundido con aquellas masas de pobres gentes arrancadas de su hogar y su labor por el ventarrón de la guerra. Me expatrié cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España.
Caí, naturalmente, en un arrabal de París, que es donde caen todos los residuos de la humanidad que la monstruosa edificación de los Estados totalitarios va dejando. Aquí, en este hotelito humilde de un arrabal parisiense, viven mal y esperan a morirse los más diversos especímenes de la vieja Europa: popes rusos, judíos alemanes, revolucionarios italianos..., gente toda con un aire triste y un carácter agrio que se afana por conseguir lo inasequible: una patria de elección, una nueva ciudadanía. No quiero sumarme a esta legión triste de los "desarraigados" y, aunque siente como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme.
Para librarme de esta congoja de la expatriación y ganar mi vida, me he puesto otra vez a escribir y poco a poco he ido tomando el gusto de nuevo a mi viejo oficio de narrador. España y la guerra, tan próximas, tan actuales, tan en carne viva, tienen para mí desde este rincón de París el sentido de una pura evocación. Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera. A veces los personajes que intento manejar a mi albedrío, a fuerza de estar vivos, se alzan contra mí y, arrojando la máscara literaria que yo intento colocarles, se me van de entre las manos, diciendo y haciendo lo que yo, por pudor, no quería que hiciesen ni dijesen.
Y luchando con ellos y conmigo mismo por permanecer distante, ajeno, imparcial, escribo estos relatos de la guerra y de la revolución que presuntuosamente hubiera querido colocar sub specie aeternitatis. No creo haberlo conseguido.
Y quizá sea mejor así.

Mountrouge (Seine), enero-mayo de 1937.

lunes, marzo 09, 2009

La casa de Alicia



As a child I dreamed I fell
headlong down a hungry well
to land upon a leavy floor
just like Alice years before.

In fact she’d left a note for me:
\”If you’re free, please come to tea.\”
A so without further ado
I left just if she’d asked me to.

Asked Tweedeldumm and Tweedledee,
but neitherone
knew where Alice’s house could be.

I asked the knight, I asked the hare,
but neither could direct me there,
and yet somehow I reached her gate
whose notice read:\”You’re far too late.\”

Asked Tweedeldumm and Tweedledee,
but neitherone
knew where Alice’s house could be.

Alice's house
Paul Roland
1988

viernes, marzo 06, 2009

Les Marionnettes



Moi je construis des marionnettes
Avec de la ficelle et du papier
Elles sont jolies les mignonnettes
Je vais, je vais vous les présenter

L'une d'entre elles est la plus belle
Elle sait bien dire papa maman
Quand à son frère il peut prédire
Pour demain la pluie ou bien le beau temps

{au Refrain}

Chez nous à chaque instant c'est jour de fête
Grâce au petit clown qui nous fait rire
Même Alexa cette pauvrette
Oublie, oublie, qu'elle a toujours pleuré

Moi je construis des marionnettes
Avec de la ficelle et du papier
Elles sont jolies les mignonnettes
Elles vous diront, elles vous diront
Que je suis leur ami, que je suis leur ami
Que je suis leur ami, leur ami...

Christophe
Les Marionnettes
1965

jueves, marzo 05, 2009

Trolli {Candy} Bananas



Parece que Bab y Arrturo no andaban desencaminados al plantear sus primeras hipótesis:
Trolli Candy Bananas: platanitos dulces champín para nutrir al cararroja.
Andaba desgolosinado el pobre. Y pedía de lo suyo (quizá con cierta falta de delicadeza).
Mono, en cualquier caso.
Buen Mono.

Situación actual: estable:
Bolsa vacía. Panza (gorda y peluda) repleta.

miércoles, marzo 04, 2009

martes, marzo 03, 2009

Campari Soda



Ich nime no'n Campari soda
Wit under mir liit's Wolkemeer
De Ventilator summet liisli
Es isch as gäbs mich nüme mee.

Ich gsen durs Feischter zwei Turbine
S'Flugzüg wankt liecht i de Luft
Durs Mikrophon seit de Kopilot:
On your left you can see Málaga
through the dust

Taxi
Campari Soda
1977

lunes, marzo 02, 2009

Jonathan Richman en Valencia el próximo 13 de marzo

Para animar a todos los chicos y chicas No Francés amantes del Buen Mono a reunirse en el Disco-Bar, Presidencia ha contactado con el veterano artista, amigo de orfebres y buen-bonito-semilla Antón Pirulero. Éstas son sus palabras de bienvenida, su amable abrazo, besito, melón:

martes, febrero 24, 2009

Paloma Lituana


Podéis ver aquí, queridos amigos (con permiso del autor y del reconocido zoólogo que puso al mundo sobre la pista, el Padre Vytautas) la primera imagen conocida de la Paloma lituana desde que en los primeros años del XIX el botánico Zmago Jasikevičius declarara en un informe a Peter Simon Pallas la conveniencia de considerarla extinguida al describirla en su monumental Zoographia Rosso-Asiatica.

La fotografía la tomó en el puerto de Klaipėda hace tres o cuatro días un marinero de Mažeikiai, al norte de país, que, aunque antes de echarse a navegar fue muchas cosas más, y algunas no precisamente pías, nota como al envejecer crece su devoción por San Francisco de Asís: hinche su pecho de orgullo, le revuelve las tripas, casi casi le hace vomitar.

Y si bien no es del todo ortodoxo que unos colombófilos competentes como nosotros se pongan estupendos, la verdad es que la historia de esta importantísima imagen y de cómo ha llegado hasta nosotros está ligada de tal forma al azar, que uno se siente tentado, y supongo que en cualquier otra época lo hubiera hecho sin recato, a atribuirlo a la Divina Providencia.

Así me lo cuenta el Padre Vytautas en la amable carta que acompaña a la fotografía. Peculiar español el suyo, por cierto, quizá de las misiones (aunque no sabría decir de cuáles):
"Mi conozco marinero gordo en subida Colina de Cruces (Kryžiu Kalnas), bien? Lugar peregrinos. Famoso, religioso. Muchas cruces, bien? Señor marino es imbécil, bien? Simpático, bien? Carga mochila minina y saca minina cámara-photo plastic usar-tirar. Dice el imbécil: - Yo prueba foto puerto, minina gaviota. Buena cámara Fuji-plastic. Y habla más. Mucho habla el imbécil, bien? Llegamos Colina y marino gordo suda. Mi cansado a la vez. Invita mí cepelinai (Zeppelin vosotros) que imbécil lleva en Tupperware (bonito). Bueno Tupperware. Gustaba mucho mi madre, bien? Cepelinai es cocinado su hermana por viaje. Buena cocina. Después visitamos todo, vemos cruces y marinero y mí muchas fotos cámara Fuji-plastic, bien?
Cuando vuelta, amigo imbécil dice: - Padre Vytautas, tú puede sacar fotos cámara Fuji-plastic y luego dar mí? Yo pagar montante, costo, bien? Yo digo sí, quiero, y saco fotos cámara Fuji-plastic. Entonces veo, oh, oh, oh, Paloma Lituana en foto primera y llamo deprisa hermana marinero, bien? Un día más, imbécil amigo viene y yo digo gran descubrimiento grande. Él mira foto Paloma Lituana, mira mí, rasca cabeza gorda roja y dice: - Es gaviota puerto. Muchas igual en puerto.
Yo digo: - Tú no sabe, bien? Tú parece gaviota porque tú no sabe. Es Paloma Lituana. Tú verás gran suceso.
Imbécil marinero no dice nada. Hombros arriba. Callado. Gordo igual, la verdad.
Yo anuncio colegas colombomofílicos y envío ti copia y saludos y carta, bien?
Tú examina Paloma Lituana y dice mí, imbécil.

Besitos,
Padre Vytautas"

Y aquí la tengo, sobre mi escritorio: la imagen de un ave que se creía extinguida desde hace casi doscientos años. Divina Providencia. No puedo dejar de mirarla. Es casi idéntica a la lámina de la Historia Natural de Buffon que tantas horas pasé observando en el Lycée International du Colombophilie. Me emociono un poquito, la verdad. "Una gaviota", decía el ignorante, "una gaviota". Cuantas veces pan para el que no tiene dientes, miel para la boca del asno, paloma lituana para el que sólo ve gaviotas.

Mantel de peces



Éste es el mantel favorito de Molibdeno Molar.
Quería que lo supierais.
Gracias.
Buenas tardes.

lunes, febrero 23, 2009

Una canción de The Monochrome Set



Me sirve como prueba para subir canciones aquí ésta tan entrañable de Monochrome Set, del disco "Eligible bachelors" (1982).

I'll scry instead es su título, y habla de bolas de cristal y echadoras de cartas.

La primera vez que la oí fue en una cinta Basf roja y negra que pertenecía al hermano mayor de nuestro querido Emperador. Hace años (más de dos).

jueves, febrero 12, 2009

Mensaje Mono Importante (y un recordatorio que también lo es)


Publicado en Código Mono (Buen Mono) en la máquina brillante adquirida con los fondos del Plan M (de Mono) de estimulación.

Dice así:

Jovencito: - Chundarracti.
Molibdeno (quizá ya en la hora mala): - Nala.
Jovencito: - Chundarracti.
Molibdeno (quizá ya en la hora mala): - E Nala Stläpo.
Jovencito: - Chundarracti.
Molibdeno (quizá ya en la hora mala): - Áider.
Jovencito: - Chunda...Chunda.
Molibdeno (quizá ya en la hora mala): - Aj áider bruns et áialo.
Jovencito: - Racti!...Nyé!
Molibdeno (quizá ya en la hora mala): - Nacla.
Jovencito: - Chunda!...Chunda!
Molibdeno (quizá ya en la hora mala): - Natslaco.
Jovencito: - Rat.A.
Molibdeno (casi seguro: en la hora mala): - Els naia de palo.

---

Para dudas con la traducción, acúdase a nuestra obra canónica: "Die Stupïd Gramatikanen" del logopeda alemán (loco) .

---

(Y aprovecho para recordaros que se dice por ahí (yo lo oí en la trastienda, quizá vosotros junto al mostrador de zinc) que en los próximos días llega a Francés una remesa de monos nuevos de Tanzania, buenos monos como los que está comprando Irán a 100 euros. Así que no estaría de más que si alguien puede hacerse con un buen ejemplar, avise a Presidencia y nos reunamos en el Motor para celebrar juntos la puesta en marcha del Plan M.
Plan Mono. Plan Molar.)

domingo, febrero 08, 2009

Pesquisar es un verbo cadáver



Mono, rata, perro, buey; mosca, ballena, pelícano, alpaca: a todas estas personas interrogamos ayer en el cuartito del fondo.
Ninguna supo explicarnos muy bien por qué barquito, por qué nube negra.

miércoles, enero 21, 2009

lunes, diciembre 08, 2008

Amanecida




Dentro de poco saldrá el sol. El viento,
aún con su fresca suavidad nocturna,
lava y aclara el sueño y da viveza,
incertidumbre a los sentidos. Nubes
de pardo ceniciento, azul turquesa,
por un momento traen quietud, levantan
la vida y engrandecen su pequeña
luz. Luz que pide, tenue y tierna, pero
venturosa, porque ama. Casi a medio
camino entre la noche y la mañana,
cuando todo me acoge, cuando hasta
mi corazón me es muy amigo, ¿cómo
puedo dudar, no bendecir el alba
si aún en mi cuerpo hay juventud y hay
en mis labios amor?

Claudio Rodríguez
Alianza y condena

miércoles, julio 23, 2008

Libro malo


UN LIBRO MALÍSIMO

Carta de un amigo a otro

Muy señor mío:

Pecador soy, y muy grande, pero no tanto (a mi pobre juicio) que merezca la espantosa penitencia que vuestra merced me impone, enviándome el librete del Licenciado Carmona. Recibíle con tres actos de contrición, que apliqué por tres personas: el primero por mí; el segundo por vuestra merced; y el tercero por el triste Licenciado. Pésame de haberle pedido; pésame de que vuestra merced me le hubiese enviado; y me pesa mucho más de que el Licenciado Carmona hubiese emporcado los moldes y su buen nombre con esta rara obrilla.
[...] En fuerza de esta inclinación, sea buena o sea mala, en teniendo noticia de algún librete nuevo, me alampo por leerle; pero las más de las veces me sucede lo que a los calenturientos de fiebre aguda y ardiente: están rabiando por beber; y si alguno de los circunstantes, con piadosa crueldad, se rinde a sus instancias o a su porfía, al experimentar los perniciosos efectos de su antojo, rabian más por haber bebido y dan al diablo la caridad de el que condescendió con ellos.
Resistióse vuestra merced a la primera, segunda, tercera y cuarta instancia que le hice para que me comunicase el Método Racional, porque sabía muy bien lo que yo pedía y lo que vuestra merced me negaba; pero al fin rindióse a la quinta y, condescendiendo con mi perverso gusto, hizo añicos el quinto mandamiento matándome de medio a medio.

[...] lo que convence o lo que prueba , vuestra merced lo dirá mientras yo doy un refregón a las manos y vuelvo a enristrar la pluma para escupir mis reparos.

Y sea el primero: ¿A qué fin o por qué motivo sale al teatro del mundo, y no menos que de molde, el Licenciado Carmona con tufos de escritor y con sus polvillos de hombre de letras? Él dice que por volver por su honor, que supone ajado; y trae luego aquel textecillo del Eclesiástico, más ajado que su honor: "Habe curam de bono nomine".

[...] Pero ¿no nos dirá el Licenciado Carmona quién fue el malsín y descomulgado follón que tuvo avilantez para alterar la salud o la sanidad de su nombre? Él echa la culpa al doctor don Alfonso Ruiz y a Manuel de Medina, médicos; aquél, titular de la ciudad de Segovia; y éste, cirujano de primera letura en la misma ciudad. Conózcolos a entrambos aún más por las señas del alma, que por las facciones del semblante. Cónstame por buenos informes y noticias muy seguras que ambos son maestrazos en sus facultades respectivas y que entrambos pudieran graduarse en la facultad de atentos, modestos, cortesanos y templados; si se dieran borlas a los que sobresalen en este género de ciencias; desde luego apuesto una peluca blonda (para que en caso de perder, tenga siquiera el Licenciado Carmona una muda de peluca) a que ninguno de los dos, fuera del ardor natural de la controversia, en el ejercicio actual de las consultas se descompuso en la menor expresión que fuese ligeramente denigrativa del "buen nombre y honor" del Licenciado Carmona. Pero finjamos (ya que el señor Licenciado nos abre el campo para fingir) que alguno de ellos, o entrambos, se descuidasen en decir (y no sería grandísimo pecadazo) que no veneraban los dictámenes de Carmona como los Aforismos de Hipócrates, por esta razón, por la otra y por aquélla; este tizne venial quedaba arrinconado en un corrillo y olvidado en la noticia o en el desprecio de cuatro. Ninguno lo supiera si el Señor Licenciado no nos lo revelara; conque en suma, él mismo nos descubrió su caca por ocultarla, y se repitió el casico curioso de aquella dama púdica, que sorprendida de repente por su galán en la postura de cierta natural evacuación, queriendo afectar que estaba sentada, se sentó de veras y muy de plano sobre la mala cosa: el mozuelo, que era bellaco y algo arriscado de narices, conoció al punto la maula, y asiéndola blandamente del brazo, la levantó diciéndola con ternura picaresca:
¿Para qué es encubrir la cosi-cosa,
si así te ensucias más, querida Rosa?


Valga la verdad; el Licenciado Carmona tenía fieros pujos de escritor; reventaba por verse de molde y hacer patentes los terribles dictados de Cirujano Latino de la Real Familia de Obras y Bosques, titular de Segovia, con su bocado de Don y el saborete de Licenciado. Parecióle que en un siglo tan fecundo de escritores, en que es desdichada la madre que no tiene un hijo que imprima, él también podía meterse entre la bulla, hacer ruido con su poco de folleto. Pues, sin más ni más, finge agravios, sueña desprecios, enarbola la pluma, borrajea dislates, dalos a la prensa y cátate que ya me soy el Autor Carmona, quieran o no quieran.

[...] Llama el Licenciado Carmona a su librete Método Racional; supongo que es mote, y que le puso este nombre por antífrasis; así como llamamos pelones a los que no tienen pelo,
Y llamamos rabones a los mulos
cuando no tienen rabos en los cu...


Todo lo malo se halla en el tal librete, excepto lo racional y lo metódico, que de ello nada tiene, ni malo ni bueno; el método es puramente práctico, sin mezcla de especulativo; prescribe reglas para curar, sin pararse en definir.

[...] Ahora bien (preguntaría yo al Licenciado Carmona, si le tuviera presente), díganos vuestra merced en puridad, ¿en todos estos once capítulos se descubre siquiera alguna cosa que huela a método, práctica y gobierno con que se ha de curar, no digo yo un sabañón complicado con el morbo más cruel, pero ni aun la picadura de una mosca, complicada con el beso taimado de algún piojo? Cierto, que sin querer, se me viene a la memoria la manía de aquel loco que andaba pregonando por las calles de Sevilla: "Cualquiera persona que quisiere saber cómo se cata un melón, acuda al Tío Antón". Llegaban los muchachos, y le preguntaban: "Tío Antón, ¿cómo se cata un melón? ¿Cómo?" - respondía el loco en tono muy magistral - "sabiendo el Credo, y los Artículos de la Fe".

[...] Mientras tanto quiero yo cerrar mi armería hasta otra Carta, en que espulgaré los seis primeros capítulos del Método Racional, y diré á Vmd. mis ofrecimientos. Vmd. no dexe de acudir á la Estafeta, porque estaré fijamente á mi palabra; y si ocurriere por allá algo de nuevo, con el motivo de esta mi primera Carta, espero aviso pronto, para hacerme cargo de ello en la segunda. No mas por ahora, sino que Vmd. añada por ataharre en el froncis del Método Racional esa Decimilla que fabricó el Barbero de este Pueblo.

El Método racional,
y lo que en él se contiene,
de racional solo tiene,
lo que tiene de animal.
De la Familia Real
de Obras, Bosques y sus Frutos,
son del Autor atributos;
con que el Señor Bachiller
cirujano viene á sér
de Piedras, Troncos y Brutos.


Guarde Dios á Vmd. y le prospere, como le ruego cada dia. Fresnal del Palo, á 6. de Julio de 1732.



José Francisco de Isla
1732
En EL ENSAYO ESPAÑOL (2). El siglo XVIII.
Crítica, 1997

lunes, junio 02, 2008

Las arañas de Azorín



“Las sociedades animales son tan interesantes como las sociedades humanas. Los sociólogos las estudian con gran cuidado. Las hormigas y las abejas se agrupan en urbes, regimentadas sabiamente; son metódicas unas y otras, son laboriosas, son sagaces, son perseverantes, son humildes, son industriosas. Las arañas, en cambio, no se agrupan en sociedad jerarquizada; son más fuertes. Los naturalistas se plañen por su insociabilidad, excepto arácnidos como los opiliones. Y no hay animal más difundido sobre el planeta.
Viven bajo las aguas, como la argironeta o arañabuzo; corren sobre la superficie de los lagos, como el dolomelo orlado; fabrican su morada sobre las piedras, como la segestria; se agazapan en un pozo guateado de blanca seda, como la teniza minera, se columpian en aéreas redes, como la tejenaria, corren, nadan, saltan, vuelan, minan, trepan, tejen, patinan. Y en su insociabilidad hosca tienen como mira capital, como sentido esenciadísimo, el amor a la raza. El amor a la raza está en las arañas sobrepuesto a todo interés peculiarísimo. La raza ha de ser fuerte, recia, audaz, incontrastable. La hembra, a este fin, devora despiadadamente al macho débil que se le acerca a cortejarla. Y de este modo sólo los machos fuertes triunfan y legan a las nuevas generaciones su audacia y fortaleza.
¿Es un animal nietzcheano la araña? Yo creo que sí. Y entre todas las arañas hay un orden que más que ningín otro profesa en el reino animal esta novísima filosofía que ahora nos obsesiona a los hombres. Tres de estos araneidos – Ron, King y Pic – ha estudiado Azorín pacientemente. A continuación doy, en forma amena, algunas de sus observaciones. Excúseme el lector si las encuentra deficientes, y vea sólo en estas líneas un modesto intento de contribuir al estudio de la sociología comparada.

[…] La mosca está inmóvil; Ron no se mueve tampoco. Transcurren treinta segundos, solemnes, angustiosos, trágicos. La mosca hace un ligero movimiento. Ron salta de pronto sobre ella y la coge por la cabeza. Esta pobre mosca se mueve violentamente, patalea estremecida de terror. No, no se marchará; Ron la tiene bien cogida. “Las moscas –debe de pensar él, que, como hombre de grueso abdomen, será conservador, y como conservador, creerá en las causas finales-; las moscas se han hecho para los saltadores; yo soy saltador, luego esta mosca ha nacido y se ha criado para que yo me la coma.”
Y se la come, en efecto; pero como es un saltador afectuoso, le da de cuando en cuando golpecitos con los palpos sobre la espalda, como queriendo convencerla de su teología. Azorín no sabe si la mosca quedará convencida; ello es que sus patas han dejado de moverse y que Ron se la lleva a un ángulo, donde permanece quieto con ella un gran rato.
Después de comer, Ron se pasa los palpos por la cara, como limpiándosela, con el mismo gesto que los gatos; a veces se lleva también su pata izquierda a la boca, como si se estuviese hurgando los dientes. Una mosca cogida por Ron tarda en morir poco más de un minuto. En la succión del tórax emplea Ron veintiocho, treinta, treinta y tres minutos; en la del abdomen, uno o dos. Cuando el hambre no aprieta, suele desdeñar el abdomen; esto es plausible. […]

[…] Cuando se despierta vuelve a sus paseos. El suelo está sembrado de cadáveres. Al principio, Ron veía uno de estos cadáveres y los creía cuerpos vivos; esto era una desagradable sorpresa. Azorín ha observado que en una ocasión, para evitar decepciones, Ron se ha aproximado con discreción a un cadáver y ha alargado una pata y lo ha tocado ligeramente para averiguar si estaba muerto o vivo. […]

[…] King ha probado a correr por el cristal y no podía. Luego se ha comido dos moscas y se deslizaba por él perfectamente. Sin duda, este saltador hacía tiempo que no encontraba moscas en su camino y estaba, por consiguiente, bastante débil.
King tarda en matar una mosca un minuto y cuarenta cinco segundos. En sorber el tórax emplea treinta y cinco minutos; desdeña el abdomen. King, como todas las arañas, ama la noche. Aplacado su apetito, mira indiferente a las moscas que corren por la caja; pero a la mañana siguiente, todas, sean las que fueren, aparecerán muertas.[…]

[…] Porque Pic será pequeño, pero tiene arrestos. Una mosca yace patas arriba en medio de la caja; Pic se acerca, creyéndola, sin duda, muerta; la mosca suelta una patada; Pic se queda atónito. Después se vuelve a acercar y la torna a tocar en el ala; la mosca rebulle y se pone en pie. He aquí un terrible compromiso; pero Pic no se arredra. Al contrario, salta sobre ella, tratando de cogerla; la mosca, como es natural, se esquiva. Al fin, Pic la coge por la cabeza, y entonces, como Pic es pequeñito y la mosca tiene mucha fuerza, arrastra la mosca a Pic y lo lleva un momento revoloteando por el aire. Pero Pic no la suelta y logra afianzarla en un rincón, donde la mosca permanece cuatro minutos pataleando, y al cabo sucumbe.

VI

Azorín, cansado de los arácnidos y de las plantas se ha venido a Monóvar.”

José Martínez Ruiz, Azorín
Antonio Azorín (1903)
Ed. Orbis, 1982.

jueves, mayo 29, 2008

La tela de araña de Jovellanos


27 de setiembre de 1790

"[...] En la jornada a Ribadesella por Collía, telas de arañas, hermoseadas con el rocío, así:

Cada gota un brillante, redondo, igual, de vista muy encantadora. Marañas entre las árgomas, no tejidas vertical, sino horizontalmente, muy enredadas, sin plan ni dibujo. ¡Cosa admirable! Hilos que atraviesan de un árbol a otro a gran distancia, que suben del suelo a las ramas sin tocar el tronco, que atraviesan un callejón. ¿Por dónde pasaron estas hilanderas y tejedoras, que sin trama ni urdimbre, sin lanzadera, peine ni enxullo tejen tan admirables obras? ¿Y cómo no las abate el rocío? El peso del agua que hay sobre ellas excede sin duda en un décuplo al de los hilos. Todo se trabaja en una noche; el sol del siguiente día deshace las obras y obliga a renovar la tarea."

Gaspar Melchor de Jovellanos
Diario
(Planeta, 1992)

martes, febrero 05, 2008

Craneano Souvenir



Recuerdos de una tarde pero que muy agradable (vive Dios que sí) de hace ya un tiempo.
A ratos sub dio. Otros, no.


- Al tresbolillo –decía mi madre.
- Ana Bolena –decía mi papá.
Y así pasábamos los días frescos de primavera y los no tan frescos de veranito en la casa grande de la playé, más allá del cruce entre el Monte Sinaí y la Clínica Mayo.
Precisamente allí, en la Clínica Mayo, fue donde la casualidad (quizá el destino; nunca Mario Monreal ni el Epifanista Medio) quiso agasajarme con el bonito icono craneal que ilustra esta dulce remembranza en la que no hay ni pizca de melancolía pero sí un puntito de estragón (Francés).
Tenía cita aquella tarde con el célebre Dr. Oreja Caracola Ruidodeola, el mago del canon de fieltro y la mariposa láser. En mi cartilla de ingreso podía leerse el motivo en letras aguamarina: el chico éste lo que quiere es que el buen doctor le haga un Retrato Robot con granitos de arena de la parte occidental de Venice Beach y otro para su madre con legumbres pegadas con Imedio en cartulina medié (a ser posible color cigarro).
Tras tomarme los datos y un café de la máquina negra, los amables Hombres-Mayo me ofrecieron una silla de ruedas con neumáticos nuevos noruegos o así y una palanca de freno como un enorme bálano de imprevisible comportamiento y unos flecos de piel de torquemada en los bracillos y unas campanillas (dos) en el reverso tenebroso. Me costó un poco mirar a los fluorescentes del pasillo por el que me condujeron hasta la sala de espera B52 como se mira a los fluorescentes de los pasillos de los hospitales en las películas. Es más cómodo desde una camilla, la verdad, pero como siempre nos decía nuestro papá: Ana Bolena. Supongo que pude haberme partido el cuello en mi empeño, pero os aseguro, amigos lectores (ya en paños menores), que valió la pena.
Los Hombres-Mayo me dieron un besito entre ceja y ceja (podría decir “en el tercer ojo”, claro, pero quizá algún desalmado podría tomarlo a guasa y quemarme la furgoneta) y me aparcaron junto a un estetoscopio gigante con cara de castigar el empedrado del barrio de Lavapiés. Al poco, arrullado por la bella música del hilo interpretada con entusiasmo por la Coral Polifónica de Jóvenes Desnudos de Florida Park, me quedé dormidito, con el mentón apoyado en la mano derecha; la oreja izquierda más bien fría, no he de ocultarlo. Y fue en aquel punto cuando (y reclamo vuestra atención, amiguitos, porque ahora viene lo bueno) un deleitosísimo aroma hizo renacer mis sentidos. Diría que era una sutil mixtura de vainilla, canela y piel de Yak. Abrí los ojos y allí estaba, ante mí, a metro y medio, metro cincuenta y cinco, metro sesenta a lo sumo, el grande grande Presidente de Todo lo Molar, el incomparable prohombre de días de etiqueta y ferias junto al riachuelo, el prodigioso técnico de la vida buena, el matacallando ojos-champín que aleja de ti la hora mala: el legendario Molibdeno Molar.
Andaba regalando a todo el que quisiera disfrutar de una espléndida tarde de luz blanca bajo el techo de Mayo radiografías autografiadas de su cráneo: el que todo lo piensa. Una cabeza con pelos en la parte de arriba, a los lados, debajo de la barbilla y sobre el labio superior.
A mí me tocó en suerte ya la última, la de las sábanas blancas y un botón junto a la cama. Me la entregó con un viril apretón de manos, puso en mis ojos los suyos y, sosteniendo la mirada, me dijo: zambrano, pelota, rodillera, madre.


Jaime Cebolla
Introducción al Manual del Perfecto Transeúnte
Trad. de Luigi Bazzoni.
(20noséuqécauntos)
Ed. Perro mojado. No entran moscas.

lunes, noviembre 19, 2007

No sé qué soy, pero sé de qué huyo


Vuelvo a encontrarme esta noche con uno de los amiguitos con los que (desde hace mucho, ya para siempre; con grata insistencia este otoño) uno siempre se acaba tropezando.
Aparece leyendo esto:

"El lector de las páginas que anteceden se ha interrogado seguramente sobre la alternativa -posible y opuesta- a las corrientes irracionalistas aquí criticadas o preguntado, en todo caso, cuál es la osición del autor. Aunque implícitas, las opciones están presentes, en cierto modo, en las mismas críticas a las ideas expuestas y en las argumentaciones utilizadas para rebatirlas. Es verdad que sólo se menciona en raras ocasiones a aquellos filósofos que mejor expresan mi manera de pensar. Parecería que la crítica se encontrara con un vacío donde ningún sistema sustituiría a los que han sido negados, acaso porque se sabe, desde Dante, que es más fácil mostrar el mal que el bien. El sucesivo abandono de teorías filosóficas o la decepción frente a ideas políticas no conducen, sin embargo, al escepticismo; para quien sabe extraer lecciones de los errores y de los fracasos, éstos alientan, por el contrario, nuevas expectativas de aproximación a la verdad. La divisa de mi derrotero intelectual es la conclusión de Montaigne: "No sé qué soy, pero sé de qué huyo."

Juan José Sebreli
El olvido de la razón
(Un recorrido crítico por la filosofía contemporánea)
Debate

jueves, noviembre 08, 2007

Grifol y su ilustrísima



Venía don Vicente Grifol de la Huerta de los Calzados, antiguo granero espiscopal, y en medio de la calle de la Verónica – querencia de las sastrerías eclesiásticas, de las tiendas de ornamentos, de los obradores de cirios y chocolates – le alcanzó la voz campechana de don Magín.
Aguardóse el médico. El capellán le puso su brazo robusto en los hombros viejecitos y se le fue llevando a Palacio.
Camino de Palacio, decía don Vicente:
- Casi todos los recados de enfermos de ahora me cogen en la calle, como si llamaran a un lañador o a un buhonero que pasa. Oleza está lo mismo que cuando llegué de Murcia, el día de la Anunciación, hace cuarenta y dos años. Pero algunos olecenses se piensan que su pueblo se ha hinchado como un Londres. ¿Usted no ha ido a Londres? Yo sí que estuve, siendo mozo, como hijo de naranjero. Fui a vender las naranjas de mi padre, naranjas amargas para la confitura. A todas las gentes de los muelles, de los almacenes y lonjas, a todas las recordaba yo a mi gusto, por la noche, en mi cuarto. Pues a mí, de comida a comida, ni siquiera me reconocían los españoles que se albergaban en mi posada. Es una felicidad la insignificancia: no ser espectáculo para los demás y serlo todos para uno. Por eso, un mocito estudiante, no reparando en mí, se abrió las venas en mi alcoba. Pero se engañó. Yo le vi torciéndose encima de la cuajada de su sangre. Le remendé los cortes, se los fajé y tuvo que matarse en otro sitio… Oleza se cree tan ancha, tan crecida, que ya no me ve. O me ve, y nada. Es decir, nada sí; algunos me miran y me sonríen por si acaso yo fuese yo…
Y ahora, vamos a ver…

Hablando, hablando, hallóse solo en la meseta alta de la escalera de Palacio, porque don Magín se lo dejó para prevenir a su ilustrísima. Grifol se puso a mirar la antecámara. Un eclesiástico descolorido escribía en su bufetillo de faldas de velludo rojo, sin sentir la presencia del médico. Lo mismo que todo el mundo.
Luego volvió don Magín y entró a su amigo, colocándole delante del prelado.
Grifol besó una mano enguantada de seda violeta, una mano sin sortija. Y pensó: “Acabo de trastrocar mi beso de cortesía, o de reverencia, o de lo que sea; pero ya no he de enmendarlo tomándole la otra mano. ¡Y qué manos tan gordas! Debajo de los guantes no se le siente la piel, sino una blandura de hilas embebidas de aceites…”
Su ilustrísima se desnudó las manos. Don Magín fue descogiéndole los vendajes y apareció el metacarpo, acortezado de racimillos de vesículas; las palmas estaban limpias y tersas. Su ilustrísima se miraba su carne llagada como si no fuese suya, y al hablar encogía apretadamente la boca.
El médico y el obispo se sonrieron con ternura de compasión y de compadecido.
- Vamos a ver: ¿y las noches? Levantándose, acostándose, con un prurito de uñas, de pinchas. No acaban esas noches, ¿verdad?
- Casi todas las noches sin sueño. Me lloran los ojos de dilatarlos. Una avidez de ojos, de oídos y hasta de pensamientos, y no es por el dolor que me quema concretamente un tejido, sino por la espera de que brote ese dolor en otro lado de mi cuerpo. Y me miro todo con una angustia que me hace sudar.
- Las manos. ¿Y en las rodillas, en la cintura, casi toda la cintura, y en las ingles?
- Donde usted dice, y, además, entre los hombros, subiéndome. Pronto llegará a la nuca.
Don Vicente se quitó los anteojos, les puso su vaho, los estregó entre los pliegues de un mitón. Volviese hacia el ancho ventanal, y en sus espejuelos limpios se recogían y renovaban las miniaturas de la tarde campesina: un follaje, una yunta, un temblor del cáñamo verde, un trozo de horizonte…


Gabriel Miró
El obispo leproso
Alianza Editorial

miércoles, noviembre 07, 2007

La alegría de encontrarse (era muy tarde, de madrugada, casi la hora mala y, la verdad, ya no lo esperaba) con un viejo amigo




“Capítulo IV

El capellán del obispo

Del linaje del reverendo señor Slope no puedo decir mucho. He oído asegurar que desciende directamente del ilustre médico que atendió el parto del señor Tristram Shandy y que, a temprana edad, añadió una “e” a su apellido para mejorar su eufonía, como otros grandes hombres habían hecho antes que él. Si en efecto todo eso es así, entonces supongo que fue bautizado Obadiah, pues tal es su nombre, en conmemoración del conflicto en el que tanto se distinguió su antepasado. No obstante, pese a todas mis investigaciones sobre el tema, no he sido capaz de determinar la fecha exacta en que la familia cambió de religión. (45)
Fue alumno becario en Cambridge, donde supo aprovechar la oportunidad que se le brindaba, pues a su debido tiempo se licenció y pasó a tener estudiantes universitarios a su cargo. De allí fue enviado a Londres para predicar en una nueva iglesia de distrito erigida en los confines de Baker Street. Ocupaba ese puesto cuando sus ideas similares sobre cuestiones religiosas hicieron que se ganara la confianza de la señora Proudie, relación que con el tiempo se tornó estrecha y confidencial.
Al ser lanzado con tanta familiaridad en medio de las señoritas Proudie, era de lo más natural que surgiera algún sentimiento más dulce que el de la amistad. Así, ha habido algunos momentos amorosos entre él y la hija mayor, Olivia, pero hasta el momento no han dado como resultado ningún acuerdo favorable. Lo cierto es que el señor Slope, tras haberle declarado su afecto, lo retiró al poco, cuando descubrió que el doctor carecía en esos momentos de fondos económicos con los que dotar a su hija y, como podrán imaginarse, después de ese cambio de intenciones por parte del señor Slope, la señorita Proudie no se quedó con muchas ganas de recibir de él ninguna muestra más de afecto. Al ser nombrado el doctor Proudie obispo de Barchester, el punto de vista del doctor Slope cambió bastante. Los obispos, aunque sean pobres, siempre están en condiciones de aportar una dote para sus hijas, y el señor Slope comenzó a lamentarse de no haber sido más desinteresado. En cuanto se enteró del ascenso del doctor, reemprendió el acoso, claro está que sin violencia, sino con respeto y a cierta distancia. Sin embargo, Olivia Proudie era una chica de muchos bríos; la sangre de dos nobles corría por sus venas y, lo que es más importante, tenía otro enamorado en la recámara. Así que el señor Slope suspiró por ella en vano, y la pareja pronto vio que lo más conveniente sería establecer entre ellos un lazo mutuo de odio inveterado. […]
El señor Slope pronto se consoló con la idea de que, al haber sido elegido capellán del obispo, podría disfrutar de todo lo bueno que implicaba el cargo sin tener que molestarse por la hija de aquél, y así le resultó más fácil soportar las punzadas del amor rechazado. Tan pronto se sentó en el vagón del tren frente al obispo y a la señora Proudie, en su primer viaje a Barchester, comenzó a planear su vida futura. Conocía bien los puntos fuertes de su superior, pero también conocía los débiles. Sabía perfectamente hacia dónde se iban a dirigir las aspiraciones del nuevo obispo, y que la vida pública encajaba mejor con los gustos de ese gran hombre que los pequeños detalles de las obligaciones de una diócesis.
Por lo tanto sería él, el señor Slope, el verdadero obispo de Barchester. Tal fue su decisión y, para ser justos con él, hemos de decir que tenía tanto el valor como el espíritu para sacar su determinación adelante. Sabía que tendría que librar una dura batalla, pues el poder y mandato de la sede serían asimismo codiciados por otra gran mente: la señora Proudie también querría ser obispo de Barchester. No obstante, al señor Slope le halagaba pensar que podía superar a aquella dama. Ella tendría que pasar mucho tiempo en Londres, mientras que él siempre estaría allí. Necesariamente ella no se enteraría de muchas cosas, mientras que él estaría al tanto de todo lo relacionado con la diócesis. Al principio, sin duda, tendría que adularla y engatusarla, quizá incluso tendría que ceder en algunas cuestiones, pero no dudaba de su triunfo final. Si fallaban todos los demás recursos, podía unirse al obispo contra su mujer, instilarle valor a ese desdichado hombre, clavar un hacha en la misma raíz del poder de la esposa y emancipar al marido.”

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(45) Es decir, el señor Slope es descendiente del doctor Slop, personaje de la célebre novela Tristram Shandy, escrita entre 1760 y 1767 por el clérigo anglicano Laurence Sterne. La alusión a los grandes hombres que, al igual que Slope, han añadido una letra al final de su apellido es una broma personal de Trollope, puesto que en inglés existe la palabra trollop que, para colmo, significa “mujerzuela”. En la novela de Sterne, el doctor Slop tiene un enfrentamiento con un criado de la familia Shandy, Obadiah, y de ahí el nombre del capellán. Además, el doctor Slop es católico, por lo que Trollope menciona el cambio de religión de la familia, lo cual le sirve como una forma más de indicar la hipocresía característica del personaje.


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Anthony Trollope (1815-1882)
Las torres de Barchester
(trad. de Miguel Ángel Pérez Pérez)
Cátedra

miércoles, octubre 24, 2007

De la amistad


A Esteban de la Boétie

“El de la amistad, es un calor general y universal, que permanece templado e igual, un calor constante y sentado, que es todo dulzura y delicadeza, que no es ávido ni punzante en absoluto”.

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“En la amistad de la que hablo se mezclan y confunden [las almas] una con otra en unión tan universal, que borran la sutura que las ha unido para no volverla a encontrar. Si me obligan a decir por qué le quería, siento que sólo puedo expresarlo contestando: Porque era él, porque era yo.
Hay, más allá de mi entendimiento y de lo que pueda decir particularmente sobre ello, no sé qué fuerza inexplicable y fatal, mediadora en esta unión. Nos buscábamos antes de habernos visto y por los relatos que oíamos el uno del otro, que hacían más mella en nuestro afecto de la que razonablemente hacen los relatos, creo que por algún designio del cielo: nos abrazábamos con nuestros nombres. Y en nuestro primer encuentro en una gran fiesta y reunión ciudadana, nos vimos tan unidos, tan conocidos, tan comprometidos el uno con el otro, que desde entonces nadie nos fue tan próximo como el uno al otro. Escribió él una sátira latina excelente, que se publicó, en la que justifica y explica la precipitación de nuestro entendimiento tan pronto en llegar a su perfección. Habiendo de durar tan poco y habiendo comenzado tan tarde, pues los dos éramos hombres ya hechos y él algunos años mayor, no tenía tiempo que perder ni debía seguir el patrón de esas amistades lánguidas y monótonas que necesitan tanta precaución de larga y previa conversación. Esta no tiene más idea que ella misma y no puede referirse más que a sí; no es una consideración especial, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni mil; no sé qué quintaesencia de toda esa mezcla fue la que habiéndose apoderado de toda mi voluntad, llevóla a sumergirse y perderse en la suya; la que habiéndose apoderado de toda su voluntad, llevóla a sumergirse y perderse en la mía, con avidez y emulación semejantes. Y digo perderse, en verdad, porque no nos reservamos nada que nos fuese propio, ni que fuese suyo o mío.”

Michel de Montaigne
(1533 – 1592)
Ensayos (Tomo I)
(Trad. de María Dolores Picazo y Almudena Montojo)
Cátedra, 1992.

martes, octubre 23, 2007

Hay que leer a Montaigne


Hace unos años se decía: “Hay que leer a Cortázar”.
Y yo (para mí) pensaba:
- No, si no es que me parezca mal, hombre, pero al que hay que leer es a Montaigne.

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“La amistad recíproca entre el adulto y el menor transforma una interpretación de la existencia en confidencias personales y una meditación moral en consejos indirectos. El doctor Imbert poseía una vasta cultura y la ampliaba sin cesar. Pero no existía ni un átomo de esa cultura que no se hubiese asimilado completamente en lo más íntimo de su yo y de su sensibilidad. De modo que si citaba a un autor era porque la cita, en aquel preciso instante, se ajustaba perfectamente a lo más profundo de su pensamiento, como le ocurría a Montaigne en cierto modo. De hecho, fue él quien me animó a enfrascarme sin reservas y sin prisas en la lectura de los Ensayos.
Semejante enseñanza sólo puede comunicarse a través de la palabra, pues sólo ella presta su ritmo a la combinación de la noción y de la intuición, de la idea y del sentimiento, de lo universal y de lo particular. Hugo Friedrich apunta, en el compendio magistral que le ha consagrado, que si uno lee a Montaigne en largas secuencias ininterrumpidas, como debe hacerse, llega un momento en que de pronto es como si lo tuviera delante hablando. Entonces, lo que nos brinda como una revelación única penetra en nosotros con su música. En esto consiste lo que los antiguos denominaban enseñanza filosófica. Un libro reducido a la escritura era para ellos como una partitura que una orquesta nunca tocaría. Sin el diálogo, el texto escrito se marchita, ya que, como dice Platón, “su padre no está ahí para defenderlo”. El único maestro, aparte de Pierre Imbert, que me cautivó durante mi adolescencia por la fusión verbal de la sonoridad y el pensamiento fue mi profesor de historia en khâgne, Joseph Hours. Tenía una forma melodiosa de empezar una clase, tras un largo recogimiento, como se acomete una suite de Bach para violonchelo solo. Nos acariciaba la mente modulando con un vigor lastimero: “¡Napoleón III era inteligente!”.”

Jean-François Revel
Memorias. El ladrón en la casa vacía.
(Trad. de Juan Antonio Vivanco Gefaell)
Ed. Gota a gota, 2007