
También la canícula puede ser democrática, amigos molares, y hay que pasarla con bien: libando fluidos fresquitos color champín y abanicándose con los Papeles Negros de los Trenzano, que buen ventalle son y, a su modo, la mar de democráticos.
Para ayudar a pasarla, evitar la hora mala, y, de paso, reconfortar el ánimo del buen Moutinho confirmándole que no he seduto empresonado ni mucho menos vençido ni deglutido, envío este mensaje de estío mientras hago girar mi perinola hasta casi perder el control.
En primer lugar, quiero informar a la molaridad toda de que aunque nuestros muy eficientes hombres del Servicio de Inteligencia Emocional (SIE) han buscado a Manuel El Patazas y a Sergei Dragutinovic con manos de goma y bolsas de cacahuete en lo alto del pene, no han hallado rastro de su paradero ni sombra de lo que fueron. Mas no hay que alarmarse ni, al menos por ahora, quemar orfelinatos, pues nuestros briosos agentes han contactado con el EVB (Educación en Valores Bureau) y con la prestigiosa PDA (Patrulla De Autoayuda) y ambas agencias recorren (pistola, linterna y bolita de alcanfor en mano) las madrigueras desaseadas de los psicopedagogos del Este de Europa y esperan hallar alguna pista, algún indicio, y allá a su frente: Estambul.
Además, me complazco en presentar al mundo molar las nuevas prendas juveniles para el bochorno de los días y el lucimiento en horas ya sin luz: así son las camisetas más democráticas jamás imaginadas. Algo de lo que nunca podrá presumir el protervo inquilinato del Palacio Francés, que tan gran desazón antiplebiscitaria trae a nuestras tardes de pan de molde y tisana expectorante. Justo lo contrario que el democrático maniquí que con tal distinción las exhibe y les otorga dignidad, a la vez que insufla en ellas ese hálito de constitucionalidad que le es tan propio.